Algunas reflexiones y preguntas sobre la sesión de ayer (14/02/2014)

Sobre la acción y lo común

Al situar lo político en el ámbito de la acción, lo que habitualmente llamamos político cae en el ámbito de la administración (de la economía). Sin embargo, podría también entenderse que el esfuerzo orientado hacia la recuperación de la esfera pública, y por tanto de la posibilidad de acción, es ya política. Esto nos situaría más cerca de la posición de Rancière, con cuyos textos comenzamos el año pasado el grupo de lectura, que entendía que la política comienza como un desacuerdo, un litigio o una distorsión, producida por la institución de una parte de los que no tienen parte. A la pregunta sobre “qué sustituye la propiedad como garantía de la acción libre en la polis” respondíamos introduciendo la categoría de lo común. El procomún sería el lugar donde se instituyen aquellos que no tienen parte. La acción, en el sentido de Arendt, sólo se produciría realmente si esa institución va más allá de una mera administración de lo común, si la participación efectiva del procomún permite una trascendencia de lo individual, lo local y lo efímero, una trascendencia secularizada, en cierto modo una trascendencia materialista o una in-transcendencia. En tanto la acción no está garantizada por la propiedad, sino por la participación en lo común y el cuidado del procomún, la comunidad que realiza la acción ya no es una comunidad de derecho. ¿Es aquí donde intervienen los afectos? A la acción in-trascendente correspondería una comunidad in-orgánica, sostenida mediante vínculos afectivos. Los afectos que conectan los nodos de la red son modos de pensamiento. Y aquí aparece nuevamente Spinoza, a quien deberíamos leer con atención en algún momento.

Sobre la actuación

¿Cancelaría la institución de lo común la actuación?

¿Es la actuación en sí misma algo que deba ser desterrado?

En Public Sphere by Performance (2012), Bojana Cvejić y Ana Vujanović recuperan la distinción de Richard Schechner entre acción (action) y actuación (performance). Sostienen que en el espacio público, toda acción deviene actuación, puesto que todas nuestras acciones están dirigidas a otros y a la mirada de otros. Sin embargo, el espacio público es algo diferente de la esfera pública. La pregunta entonces sería si una esfera pública concebida desde la institución de lo común evitaría el inmediato devenir actuación de toda acción.

Ahora bien, ¿es deseable desterrar la actuación de la esfera pública? Probablemente sí en un sentido absoluto, pero no en cuanto medio para la acción. El problema está en el supuesto “engaño” implícito en toda actuación. Pero si el “engaño” constituye un medio para la acción, y la acción en sí misma está en un plano diferente al de la actuación, el problema se disuelve. Y esto es válido tanto en el ámbito público como en la ámbito privado. Y puede ser útil para agitar lo que Arendt denomina “sociedad” hasta arrancar de ella territorios de esfera pública y de esfera privada. La “actuación” de ayer de Óscar (incluyendo el recurso escenográfico y su dispositivo visual) abandona el ámbito del simulacro cuando es efectiva como medio de acción o pensamiento. Una actuación privada es un medio de acción cuando contribuye a profundizar el conocimiento, a ganar intimidad, a visibilizar conflictos ocultos, o simplemente a provocar una risa vitalizante. Una actuación pública es un medio de acción cuando contribuye a poner en cuestión el orden policial y burocrático, cuando genera afectos, cuando activa pensamiento… La actuación da color y sabor a la acción, siempre que no pretenda suplantarla y por tanto trasladarla al ámbito del simulacro.

Sobre la intimidad

Para Arendt en 1958 lo político se sitúa en el ámbito de la acción, de la esfera pública. Diez años después aceptamos que lo privado es político. La películas de Mekas podrían ser un ejemplo de esta ruptura. Pero ¿en qué condiciones lo privado es político? Sólo cuando lo privado no es entendido como privación (de acción) y asociado a la propiedad. Pero entonces lo privado se comunaliza. Lo que quedaría en el margen sería la intimidad. Lo mismo que la acción. ¿Podríamos actualizar la reivindicación de Arendt sustituyendo propiedad por intimidad? La condición para que exista esfera pública no sería la existencia de una esfera privada basada en la propiedad, sino la existencia de un ámbito común que incluya la posibilidad de proteger un ámbito de intimidad. ¿Por qué? Pregunta abierta. Tal vez porque la intimidad es a su vez condición de posibilidad de los afectos, desde los que se instituye lo común. (¿?)

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